El erótico blog de los secretos de la noche

Nokturnidad

El blog donde tus deseos más oscuros visten de etiqueta

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Khal Drogo, seducción salvaje

Quizá estemos hablando del último sex symbol de la ficción… por el momento. Se trata de Khal Drogo el dothraki (interpretado por  Jason Momoa). Un hombre de enorme tamaño, muy alto y de una musculatura muy generosa y poco definida, como la tienen los hombres de verdad y no esos productos de gimnasio. Una mirada penetrante, brava, indómita y unos ojos verdes capaces de derretir a la más pintada.

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Pero donde él y sólo él marca la diferencia es en su personaje. Un hombre duro, recio e implacable, alguien que no sólo debe preservar el orden entre sus hombres, debe imponerlo, y no le tiembla el pulso a la hora de hacer uso de toda su fuerza para lograrlo. A su lado, en el interior de su tienda, está una tierna adolescente de cabellos dorados y una sonrisa a medio camino entre el miedo y la candidez. La dicotomía entre la fuerza y la delicadeza, la suavidad y la virilidad, la primera experiencia sexual con el más bravo de todos los feroces guerreros dothrakis, tribu inspirada en los mongoles, hago la aclaración por si aun hay gente que no esté enganchada a la serie.

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Con el trancurrir de los capítulos, vamos viendo a una joven que se interesa en complacer a su hombre en la cama y hacerlo feliz. Se esfuerza en ser cada día mejor amante y compañera. Por su parte, el enorme guerrero, va mostrando su lado más dulce a su esposa, ternura, complicidad e intimidad, sin perder toda la potencia que un hombre con esos músculos puede tener.

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Barra americana

Hay un elemento omnipresente en el mundo del erotismo, es el perfecto ejemplo de la sensualidad de una cosa sencilla que hace volar a la imaginación más perezosa. Una sencilla barra de metal y una sensual bailarina moviéndose a su alrededor, jugando con el objeto, gozando de tu textura, su firmeza y haciendo gala de equilibrio, sensualidad, elasticidad y habilidad. Shakira ha hecho uso, una vez, más de la barra americana en su último single, y nosotros, aprovechando el tirón de la colombiana y la polémica por el posible plagio del vídeo de Kate Moss, hemos decidido hablar de la barra americana como elemento erótico de gran popularidad y solera. Una mujer se siente sexy bailando alrededor de una y eso es más que suficiente para que le resulte irresistible a cualquier hombre.

Este clásico del cabaret de siempre ha protagonizado competiciones incluso deportivas al más puro estilo fitness, las acrobacias están fuera del alcance de casi todas pero es un espectáculo verlo

No obstante, en este blog apostamos siempre por la elegancia y esa sensualidad que va implícita en el cuerpo de una mujer, el saber moverse para despertar los sentidos de un galán que recrea su vista con una dama bailando a la sombra de la barra americana sin perder la mirada de su hombre y sin dejar de sentir el roce del frío metal que contrata con el calor de un curpo que paulatinamente se va desnudando, mostrando una verdad oculta y oculta un pecado de verdad… de los que marcan… de los irresistibles.

Elegimos este vídeo porque no presenta una dificultad exagerada, porque el rollo gángter tiene su punto y porque en este blog defendemos que hay pocas cosas más sensuales que la ópera.

Pablo Lapiedra entre rejas

Nuestro director de cine X Pablo Lapiedra está acusado del grave delito de filmar a menores de edad practicando sexo y difundirlo por internet. Recordemos que no es la primera vez que esto ocurre, en 2006, el director del género Torbe sufrió una acusación muy parecida. En su caso estaba bien fundamentada, pues efectivamente la chica no contaba con la mayoría de edad. No obstante, según Torbe fue ella quien “olvidó” su DNI. El caso que nos ocupa tiene sus diferencias y excesivas semejanzas. Desde Nokturnidad no conocemos la verdad, pero deseamos que esto sea tan solo una terrible confusión.

En defensa de Pablo Lapiedra, tenemos que decir que no tendría sentido arriesgarse a cometer semejante tropelía teniendo una página web dándole un buen rendimiento colgando porno convencional. El tiene ya un nombre dentro de la industria y no va a jugarse un prestigio que cuesta mucho trabajo ganar por filmar a una principiante de 17 años. La prensa ha arremetido contra él y contra toda la industria del porno en general, como siempre, cuando se trata de ganar audiencia, pagan justos, pecadores y todo el que se acerque…

Deseamos que no haya ocurrido, pero si hubiese ocurrido, y logran demostrarlo, le debería caer una sanción ejemplarizante. En España, el mundo del sexo de cualquier vertiente está huyendo poco a poco de una imagen decadente y sórdida para acercarse a todo el mundo, muy especialmente a las mujeres, haciendo gala de respeto, decoro, elegancia y trabajos cuidados y bien hechos. Lo último que necesitamos es que aparezca algún iluminado y conceda un pretexto al puritanismo aséptico de sobremesa para tildarnos de nuevo de enfermos, obsesos y demás lindezas.

Desde Nokturnidad pedimos prudencia, presunción de inocencia y comportamientos coherentes, ya tenemos bastantes motivos para indignarnos como para tener que recurrir a la presunci´´on de culpabilidad de un delito tan rastrero y tan poco lucrativo en su caso (no creemos que el video haya recaudado los hipotéticos 700€ que pagó a la actriz). Pedofilia toleranza cero! pero asegurémonos de a quien disparamos y por qué.

Disfraces sexys para hombres

Tras el éxito obtenido en la entrada sobre disfraces sexys de Halloween, hemos decidido proponer nuevas ideas para una carnal carnaval. La coquetería ha hecho que la mujer tenga más donde elegir a la hora de resultar sexy dentro de un disfraz, pero los hombres están condenados a tener que ingeniárselas para lograr la sensualidad en su atuendo. Vamos a intentar ver qué necesitan ellos para ir mojando los suelos que pisan.

El malo de la peli

Asumamos que el malo siempre tiene su morbo, pero cuidado! hay que buscarse un antagonista que no sea de comedia, el Dr. Maligno no nos servirá… aunque lo estéis deseando. Lo bueno de este disfraz es que no requiere demasiado atributos físicos.

Un tipo con clase, distinción y muy malo. El disfraz no es fácil de hacer y menos aun con prisas, pero es muy calentito

Un tipo con clase, distinción y muy malo. El disfraz no es fácil de hacer y menos aun con prisas, pero es muy calentito

La foto no es de las mejores pero es lo que hay. El misterio de este personaje y su corazón atormentado aparte de la original textura de su piel dan ganas de derretirlo!

Este último Jocker triunfó, aprovéchate!!! siempre le podrás robar alguna camisa hortera a tu cuñado

El héroe

Huyamos de héroes de cómic, que están muy vistos, recomendamos héroes humanos y, a ser posible, encarnados en la gran pantalla por actores atractivos.

Este tipo nunca pasa de moda, un hombre culto, valiente y que enseña parcialmente el pecho, se puede pedir más? El rollito del látigo puede dar mucho juego
Uno de mis preferidos, la mirada oculta bajo una oscura máscara, una capa con vuelo y detrás, un hombre que es mucho más que lo que finge ser.

El macho más viril

Digan lo que digan los hombres de antes tienen su público, un hombre grande y fuerte siempre hará volar las fantasías de las frágiles damiselas que se buscarán problemas a ver si algún fornido caballero las rescata. Un accesorio que da mucha fuerza a la imagen del forzudo son unas anchas muñequeras metálicas en los antebrazos. Este look está pensado para hombres grandes y fuertes, no es necesario tener tableta de chocolate, en absoluto, pero si tienes el pene más ancho que el brazo mejor busca otro disfraz.

Hombre lobo

Goza de gran popularidad, ya que no te quieres depilar la espalda sacale partido a todo ese vello! además podrás interactuar con tanta vampiresa que hay suelta por estas fechas

Goza de gran popularidad, ya que no te quieres depilar la espalda sacale partido a todo ese vello! además podrás interactuar con tanta vampiresa que hay suelta por estas fechas
Los vikingos en realidad no lucían cuernos en sus cascos, pero eso es un detalle sin importancia en carnavales. Saca a relucir esos múculos y posee a tantas hembras como puedas!! (pide permiso antes de arrastrarlas de los pelos).

Intelectual

La mente prodigiosa de tipos raritos con gafas encierra grandes misterios, y las mujeres se pirran por los misterios. Ni se te ocurra tomar The Big Bang Theory como referencia!! no no, busca intelectuales con encanto, con duende y ten la cortesía de leer un poco sobre tu personaje para interpretar su papel, que es la gracia de este tipo de disfraces. Interesaría poder lucir algún colgante extraño y enigmático que nos adorne un poco el cuello y el pecho y sirva de excusa para iniciar una conversación, si no lo encuentras fabrícate algún símbolo y dale el significado que quieras.

Sin duda Johnny Deep es nuestra referencia, no sólo es el hombre más sexy del mundo sino que es todo un camaleón. Las gafas son ineludibles pero intenta que no sean el único disfraz, busca ropa y actitudes de empollón que esconde dentro de sus pantalones la gran verdad del universo y te saldrán alumnas a lo largo y ancho de la discoteca

Deportistas

Los deportistas gozan de un cuerpo de infarto y de la garantía de ser incansables en la cama, tantas horas de entrenamiento suponen una cantidad inusitada de viril testosterona. Los deportes son muy variopintos, podríamos meter cada deporte en alguna de las otras categorías, pero hemos preferido convertir estos disfraces en una categoría en sí misma.

El rugby es el deporte sexy por autonomasia, potentes músculos en acción dentro de auténticos caballeros fuera del campo. En el rugby podemos encontrar jugadores entre los 55 y los 130 kilos de peso, con tipologías y estaturas para todos los gustos. Últimamente se ha puesto de moda vestir ropa de rugby, seguro que tienes algún polo por casa, si no lo tienes te bastará con un polo a rayas horizontales y un jersey arlequinado y unos pantalones cortos. Imprescindible aguantar bien la cerveza para lucir este disfraz.

Los tenistas no solo tienen unos brazos fuertes, además son de lo más educados y glamurosos… y qué bien les quedan los pantaloncitos cortos!!

El escarceo entre el dolor y placer, la vida y la muerte y un perfecto control y armonía con el propio cuerpo. No olvidemos la seguridad que proporciona un hombre que pueda defender a su dama en cualquier situación y la sobriedad de quien sabe que va a por la victoria. Si eliges este disfraz no seas cafre y no te pongas el cinturon naranja de cuando ibas a judo en el colegio, cómprate un cinturón negro…

Oficios

Una de las fantasías por su cercanía y facilidad. Los uniformes inspiran respeto y autoridad y eso excita y mucho. Podríamos recomendar disfraces de policía, bombero o cualquier otro de los habituales, pero vamos a jugar a otra cosa… los habituales te los sabes de memoria y además todo el mundo te relacionará irremediablemente con los Village People, y no queremos eso.

Erika Lust me aporta desde Twitter esta idea. Se trata de un ayudante de cocina, pero ella me prponía el atuendo de cama, ataviado sólo con la camisa y toda manchada de salsa de tomate. Antes de llegar a ese punto deberemos vestirnos de forma decorosa para estar en sociedad, busca ropa blanca o ve a un almacén de ropa profesional, estas prendas no suelen ser caras y luego te sirven para miles de cosas. Explota las armas seducción de un cocinero, la paciencia de cocinar a fuego lento para disparar los placeres cuando llegue la hora, habilidad manual para amasar lo que tienes que amasar y juicio para calentarlo todo a la temperatura necesaria durante el tiempo adecuado. Si logras dominar su apetito terminará lamiendo el plato

El mundo interior de los artistas es siempre un enigma, y, en particular, el punto golfo de los músicos lo es mucho más, añade la destreza digital y podrás presumir de que te llevas una garrafa de agua a la habitación para que tu chica no se deshidrate con tus hábiles caricias. Tatuajes y simbología acompañan muy bien a este disfraz, eso sí, si sales por ahí con una guitarra asegúrate de que parezca que sabes tocarla… aunque sólo sea un poquito…

Existen infinidad de posibilidades más, aquí sólo apuntamos algunas de ellas, si crees que falta alguna, no dudes en escribirlo en los comentarios, pero debes decirnos el motivo de la sugerencia… qué es lo erótico de la propuesta. Esperamos haber ayudado a nuestros distinguidos lectores por el éxito de ellos y el éxtasis de ellas. Y recordad que el Carnaval es la fiesta de la Carne ¡a gozar!

Lencería fina I

Tenías todo el tiempo del mundo y lo ibas a aprovechar. La laboriosa cena había sido cocinada casi por completo, sólo faltaba un remate en el horno, eran sólo las 6 y tenías toda la tarde para ti. Habías pensado hacerte un tratamiento de belleza en casa… el tratamiento consistía en tener 4 largas horas para prepararte a capricho para la hora de la cena. Comenzaste a llenar tu enorme bañera con agua muy caliente y el jabón más espumoso que tenías, entretanto, te fuiste a tu ordenador y te grabaste un CD con los mejores tangos que tenías, los pensabas escuchar durante tu baño de espuma. Con tu flamante CD recién grabado, con la tinta aun húmeda, te acercaste al baño, dispusiste la luz de forma tenue y relajante y te empezaste a quitar la ropa sin prisa, recreándote en el aroma de cítricos de tu jabón y en el vaho que lentamente se iba adueñando del espejo paulatinamente.

Te metiste en la bañera muy despacio, el agua humeante estaba cerca de rebosar y llena de esponjosa y blanca espuma densa, de esa que te acaricia la piel cuando la tocas. Con el mando a distancia accionaste el equipo de música y los violines de un lindo tango titulado Celos te transportaron de inmediato a un bello rincón del Río de la Plata, donde eras mecida por una suave corriente y la brisa besaba tu cara mientras viajabas en una pequeña embarcación a vela sin ninguna preocupación, tan solo el agua, el aire y el sol… todo para ti, incluida la voz de Gardel que envolvía tu aventura fluvial.

Sin ninguna prisa, y pasados los 70 minutos de tango, te saliste de la bañera y te enjuagaste bien todo el jabón. Ahí comenzó tu ritual de acicalamiento, poniendo mimo en cada rincón de tu cuerpo porque sabías que, horas más tarde, yo te inspeccionaría con detenimiento y devoción. Te habías preocupado de enjabonar toda tu generosa anatomía y ahora la estabas secando con una toalla fina y suave. Envuelta en una toalla rosa abres la puerta y la ventana esperando que se desempañe el espejo antes de enfrentarte a ti misma en tu altar de la belleza. Tenías mucho trabajo por delante, pero también mucho tiempo para dedicártelo a ti misma. Así te depilaste teniendo presente cual sería en final de mi camino de saliva, te pusiste crema, te perfumaste, te peinaste, y fuiste a tu armario secreto a elegir un precioso conjunto de ropa interior para esta noche tan especial. Miraste con sumo cuidado todas tus joyas de lencería aunque ya sabías bien qué te ibas a poner, sacaste un conjunto negro muy adornado con finas tiras de seda salvaje que caerían sobre tu piel. Te pusiste el tanga con mimo, y después el liguero, de encaje también, igual que el tanga, y adornado con los mismos dibujos. Te sentaste en la cama para enfundar tus piernas en las medias que llegaban hasta medio muslo, metiste la punta de tu pie y dejaste que la media se acomodase a la suavidad de tu piel con un natural movimiento ascendente… sí, resultaba tan sexy como las películas, claro que tus piernas no tenían nada que envidiar a las de esas estrellas de Hollywood. Fijaste con decisión las medias al liguero y sacaste el sujetador, también negro pero sin transparencias y con dos tiras que caían por el anclaje central. Sin duda ese color era tan elegante como tu estampa, te sentías rompedora y sexy con ese conjunto que combinaba a la perfección con la claridad de tu piel. Te vestiste con un elegante vestido negro, tenía un escote palabra de honor y era de raso, la falda era corta y estrecha, de ceñía a tu cuerpo con lujuria y dejaba patente el femenino culo que escondía. Era uno de esos vestidos que parece muy atrevido cuando lo compras pero resulta muy refinado en un cuerpo como el tuyo. Te maquillaste poco porque sabes que me gusta tu piel en su estado natural, apenas unos polvos aquí y allá, lápiz de ojos y un sutil perfilador de labios. Mientras hacías todo esto bailabas y fantaseabas sobre mí. ¿Traería bombones? ¿flores? ¿vino? ¿vendría afeitado o con esa barba de tres días que es tan lujuriosa pero tan poco estética? Tu mente volaba y el tiempo también, la noche ya había caído y tu presencia iluminaba la calle desde tu ventana mientras buscabas mi coche con la mirada.

En alguna radio sonaron las señales horarias de las 22, y con puntualidad suiza sonaron en tu puerta mis nudillos.
-¡Un momento! Gritaste- lo bueno siempre se hace esperar.
Corriste a la cocina para sacar el sacacorchos y dejarlo al lado de la botella de vino falsamente forcejeada. Encendiste el horno y saliste a abrirme.

Con suavidad abriste la puerta, lentamente, haciéndome desear a cada instante el instante siguiente hasta que pude verte por completo. Viste mis ojos boquiabiertos ante la visión de tu figura y justo después una gran caja de bombones y una botella de licor que portaba en mis manos. Durante un suspiro se hizo el silencio, y por alguna fuerza de Afrodita nos besamos. Aun sin mediar palabra me cogiste del brazo y me metiste en la casa. Cerrando la puerta detrás de ti cogiste mis regalos y me dijiste
-menos mal que has llegado, se me está resistiendo esta botella de vino, ven a ver si tú consigues abrirla. – y te encaminaste a la cocina. Tras dos pasos sentiste mis manos en tu cintura, mi torso en tu espalda y mi boca besándote justo debajo de la oreja mientras te susurraba
– prefiero pasar la noche bebiendo de tu boca antes que sea cual sea el vino que tengas ahí- mi boca rondando por tu cuello te había erizado la piel más de lo que esperabas, pero no te podías abandonar al placer tan pronto, acababa de llegar el más dulce de los postres y no ibas a cometer la atrocidad de robarle su lugar en el tiempo. Ya en la cocina me entregaste la botella de vino y el sacacorchos para yo intentase abrirla, el corcho estaba en buen estado y el sacacorchos también, pero adorabas ver cómo estudio cual cirujano la botella mientras busco el punto débil por el que comenzar mi ataque. Centré el pincho en el corcho y comencé a darle vueltas introduciendo el hierro en el tapón hasta tenerlo bien agarrado para hacer palanca con una de las piezas y tirar hacia arriba. El corcho al salir hizo un ruido que delataba la enorme calidad de ese vino, lo serví en dos copas altas de cristal fino y te entregué una de ellas. En el momento de enunciar el brindis nos miramos a los ojos con picardía y no hizo falta nada más, nos lo habíamos dicho todo… chocamos nuestras copas y bebimos hasta que la cena estuvo preparada para ser servida.

Mientras te preocupabas de adornar las fuentes yo salí apresuradamente de la cocina, extrañada continuaste con tu tarea y fuiste hacia la mesa, mientras te acercabas notaste una atmósfera extraña y poca luz, como si las bombillas del comedor estuviesen recibiendo menos corriente eléctrica, pero al llegar a la puerta pudiste ver apagadas todas las luces y seis velas en la mesa esperando los manjares. Con tu llegada había empezado a sonar una agradable música de piano y yo me aproximaba a la mesa tarareando. Comimos los más deliciosos manjares que con tanto cariño habías preparado, yo estaba muerto de hambre y así lo ponía de manifiesto mi forma de devorar toda la comida que ponías delante de mí. No sobró nada de comida, de modo que retiramos la vajilla y decidimos tomar el postre en el sofá, llevé las velas a la mesita y tú trajiste el licor y los bombones, abriste la caja y serviste el licor justo antes de sentarte junto a mí.

Lencería fina II

Un precioso violín ponía banda sonora a nuestros primeros besos, mis brazos te rodeaban y tú te cobijabas en mi pecho dejando que te hiciera mía. Mis manos recorrían tu espalda con firmeza, sintiendo el suave tacto de tu vestido y tu piel. Con toda la intención del mundo mis manos fueron a parar en la cremallera de tu vestido, que estaba en tu espalda, te acerqué a mí a base de besos y mas besos en los labios. Nuestras bocas tenían un tórrido encuentro y tu vestido empezaba a aflojarse, el calor de la estancia comenzaba a crecer sin remedio. Nuestras lenguas jugaban primero dentro de tu boca y después dentro de la mía y mis manos se perdían peregrinando por tu piel y dejando al descubierto cada ver mayor parte de tu cuerpo. Te estremeciste al sentir tu piel contra mi camisa y pudiste pronunciar un gemido de satisfacción… aquello transcurría rápido, tu mente salió por un instante de nuestro sofá para mirar a tu alrededor, ambiente agradable y perfumado, música suave e instrumental y toda la estancia iluminada por la tenue e irregular luz de seis velas que se consumían ante nuestros besos, era un lugar ideal en un momento ideal. Me percaté de tu falta de concentración y te ataqué a traición con un mordisco en el hombro, ahí volviste de nuevo a ser mía con la sensación de estar viviendo en un sueño, volviste con una pasión desenfrenada desabrochando mi camisa y palpándome todo el cuerpo. Estabas tumbada sobre mí mientras yo aprovechaba la breve tregua que me habías dado desabrochando mi camisa para robar con sigilo un trago de dulce licor. Ya sin camisa te atraje hacia mí y te besé con los labios aun empapados en el dulzor de la bebida, rebañaste mi boca de todo rastro de licor y te remangaste la falda dejándome ver tu conjunto de lencería, algo que me volvió completamente loco. Ahora tenías las piernas por fin libres para envolverme con ellas y sentirme más cerca de tu sexo anhelante de mil atenciones, con él, sentías como mi polla se erguía por debajo de la fina tela de mi pantalón, el roce fue inevitable y aun con ropa gozábamos de la fricción de nuestra intimidad sin dejar a un lado ni un segundo todo  tipo de besos y caricias. La noche estaba enfilada a transcurrir como un sueño, todo prometía ese final perfecto y el goce de toda la noche, pero en ese momento en que estábamos cada uno sumergido de pleno en el otro sonó el teléfono. A decir verdad no recuerdo el motivo, pero sí sé que se trataba de una llamada importante, de modo que te apartaste de mí y respondiste a la llamada. Allí sentada, con gesto serio y con el vestido a medio arrancar y dos tiras de seda cayendo sobre tu vientre estabas bellísima. Tu cabello se había alborotado sólo un poco y contra todo pronóstico tu maquillaje permanecía intacto. No sé cómo se me ocurrió pero en aquel momento no estaba preparado para resistirme a ningún deseo, de modo que me volví hacia ti mientras hablabas por teléfono (no recuerdo ni con quién hablabas ni qué decías) pero puse mis manos en tus rodillas y las separé poco a poco hundiendo mi cabeza entre ellas. Mi boca entró en contacto con tu piel allá donde se terminaban tus medias. Mi lengua saboreaba la cara interior de tus muslos y tu respiración se agitaba pese a que tratabas de mantener la compostura ante tu conversación telefónica. Por decencia, intentabas quitarme de ahí, pero sólo tenías una mano operativa y cada vez que mi lengua recorría tu muslo tu voluntad de sometía a mí, al fin te diste por vencida y echaste hacia atrás tu cuerpo apoyándote en el respaldo del sofá y entregándome tus caderas. Tu recién estrenado tanga negro de encaje estaba empapado por dentro, pero con la aparición de mi lengua, ahora también lo estaba por fuera, el fino tejido se volvió transparente y yo podía evaluar ahora todo el esmero que habías tenido aquella tarde para mí. Mi lengua comenzó a explorar tu sexo a lametazos delicados y por encima de la tela, con toda la parsimonia del mundo recorrí tus labios, tu monte de Venus y de refilón tu clítoris. Tu cuerpo se estremecía con mi boca entre tus piernas, y tu conversación telefónica seguía con normalidad salvo por el detalle de que eras incapaz de articular palabra alguna… sólo lograbas pegarte el auricular de vez en cuando para pronunciar un “ajá” anodino que dejaba ver a las claras que tu mente navegaba por otros mares distintos. Tuviste que tapar con la mano el micro porque tu respiración empezaba a agitarse seriamente y mi lengua seguía dándote placer cada vez con más intensidad. Cuando al fin el tejido era una mera anécdota aparté el tanga y seguí chupando aquella cuidada almeja, increíblemente el contacto directo de mi lengua con tu sexo te estremeció, los músculos de tus piernas se tensaron y tuviste que morder un cojín para no gemir a tu telefónico interlocutor al oído. Aquello estaba a punto de explotar, tus labios hinchados, tu piel enrojecida y tu vientre subiendo y bajando a un ritmo trepidante ante mis ojos, que miraban a los tuyos con seguridad y complicidad. Uno de mis dedos empezó a abrirse camino hacia tu interior, prácticamente sin dilatar y muy lubricada sentiste casa rugosidad de mi dedo con los laterales de tu vagina, entrando lento dibujando círculos buscándote un punto concreto. Mi lengua había  incrementado  su  ritmo aun más y mi dedo ya había encontrado tu punto G en dos ocasiones… viendo que la situación para ti era insostenible tenía dos opciones, o dejarte o terminar contigo… elegí terminar. Doblé mi dedo hacia arriba y encontré a la primera tu punto G, el cual estimulé con la yema de mi dedo corazón repetidas veces y cada vez con más fuerza, simultáneamente mi lengua había alcanzado el nivel máximo y ya el cojín no podía tapar tu boca más tiempo. Un chorro de voz en forma de gemidos salía de tu boca, de modo que optaste por colgar aquel teléfono a las bravas y coger mi cabeza con fuerza arqueándote, ahora sí, con todas las de la ley y sintiendo con fuerza un cosquilleo preorgásmico desde tu interior y la fuerza de tu corazón golpeando tu pecho, las teclas de aquel piano sonaban marcando el ritmo de tus sensaciones tan solo interrumpido por el ruido que mi boca producía en tu sexo hasta que el cosquilleo empezó a hacerse más fuerte y tus manos apretaron fuerte mi cabeza contra ti y una serie de gemidos in crescendo brotaron de tu garganta delatando un intenso orgasmo que te dejó sin aliento. Mis lametazos no cesaron de repente, sino que, tras tu orgasmo, fueron bajando paulatinamente su ritmo, mi dedo salió de tu interior y muy poco a poco me fui retirando del lugar hasta quedar sentado a tu lado en aquel templo del placer, otrora sofá.

Tuvimos tan solo un instante para mirarnos a los ojos y descubrir algo inaudito, estabas llorando. Era la primera vez que alguien te había hecho llorar de placer. Se nos plantearon mis preguntas sobre aquello cuyas respuestas fueron pospuestas para otro momento. Sequé mi cara con una servilleta y tú tus lágrimas con la mano. Ese momento coincidió con una pausa en la música entre canción y canción, y después te acercabas hacia mí con la mirada maliciosa gateando como una pantera que sale de caza. Te arrodillaste frente a mí para que yo te despojara de tu vestido y que luciera tu conjunto de lencería en todo su esplendor frente a mis ojos, que ahora sí, se salían de sus órbitas ante tu imponente cuerpo. Desde el suelo me despojaste de mis pantalones y de lo que quedaba de mi camisa para descubrir que mis boxers negros estaban a punto de estallar, te metiste aquel bulto negro en la boca y lo mordiste con suavidad mientras mis manos se aplicaban a liberar tu pecho de aquel sostén que se deslizaba a la perfección por tu piel suave. Al fin me quitaste también los boxers y empezaste a comerme las piernas, las ingles, las bolas y la erecta polla con ansia, al minuto de llevarme al cielo te centraste sólo en mi masculinidad metiéndote casi toda la polla en la boca repetidas veces aunque no demasiado rápido, disfrutando de mi polla igual que yo lo hacía de tu boca. Tu boca estaba repleta de saliva, lo que hacía que fuese una felación húmeda y agradable. Te invité a subir al sofá de nuevo y sentarte a horcajadas sobre mí para comenzar con la penetración. Estaba tan erecto y tú tan lubricada que entré con facilidad dentro de ti, comenzaste a mover la cadera con un ritmo muy sensual colgada de mi grueso cuello mientras mi boca recorría tus pechos prohibidos de un lado a otro, de un erecto pezón al otro, con mordiscos largos y con besos succionadores, de nuevo comenzábamos a suspirar por causa del placer que nos proporcionábamos mutuamente. Tu excitación ni había bajado demasiado desde tu orgasmo, por lo que no haría falta mucho para que te corrieras de nuevo, por ello, te puse las manos en el culo y llevé yo el ritmo de la penetración moviendo tu cuerpo. Parecías una pluma volando a mi antojo sobre mi sexo. Ahora las sacudidas eran veloces y fuertes, entrando y saliendo con furia de tus entrañas y produciendo, si cabe, más calor aun. Te cogí por las piernas y me levante de un salto manteniendo la penetración en su sitio, ahora de pie te follaba con fuerza. Al sentir la fuerza con la que te cogía y la pasión con la que te hacía el amor volvió a aparecer un orgasmo latente dentro de ti. Me giré 180º y te seguí penetrando con fuerza, solo que ahora era yo quien gemía y mi gesto daba a entender mi placer absoluto… a ti te excitaba sobremanera mi cara antes de correrme, lo que unido a la fuerza del momento hizo que explotaras de nuevo gritando ahora sin control ni censura sirviendo de coro a mis propios gritos. El movimiento bombeador de mis huevos fue la señal, te dejé caer con brusquedad sobre el sofá, en el que quedaste tendida mirándome a la cara con una sonrisa. Mi mano fue a mi lubricada polla y en apenas dos movimientos sacaron una ingente cantidad de caliente leche que cayó sobre tu cara, tu pecho y tu vientre. El aire que salía de mi boca movía los pelos de tu flequillo y golpeaba tu cara empapada como si fuese un gigante el que respirase con fuerza ante ti. Recogiste con tu mano los restos de leche para saborear aquella recompensa que te habías ganado con tanto esmero y desde las 6 de la tarde, me desplomé en el sofá junto a ti sin mediar palabra y tú te acercaste a apoyar la cara en mi pecho y abrazarme, había sido un momento inolvidable. Poco a poco nuestras respiraciones acompasadas fueron recuperando su ritmo normal mientras yacíamos con la mirada absorta en nosotros mismos. La luz de las velas hacía vibrar el aire y el piano marcaba el paso de nuestra recuperación, con tanto movimiento tu liguero se había desabrochado, de modo que te levantaste, te quitaste el tanga y abrochaste el liguero de nuevo. Fuiste al punto donde cayó mi camisa y te la pusiste abrochando sólo tres botones, te sobraba tela por todas partes pero te seducía mucho el tamaño de aquella camisa y mi olor impregnado en ella. Me miraste con malicia y caminaste hacia el balcón. El balcón tenía una barandilla opaca de ladrillo aparte de una vistas espectaculares a un parque verde e iluminado y, a esas horas, desierto. Te apoyaste en la barandilla y llenaste tus pulmones del aroma del parque y tus ojos de la luna llena que reinaba en el cielo, yo te seguí, desnudo, y te abracé por detrás para disfrutar contigo del momento de paz que vivía aquel lugar. Te puse la barbilla en el cuello y respiré con deleite tu esencia mezclada con la noche y juntaba mi cuerpo al tuyo. Nos tomamos apenas un minuto de ensoñación antes de que volviera a besar tu cuello y a acariciar tu vientre. El contacto de nuestros desnudos cuerpos hizo brotar de nuevo el deseo y mi polla volvía a emerger por detrás de ti, entre tus muslos acariciando tu piel ahora hipersensible. Al sentirme tan cerca te diste la vuelta, me diste un cálido beso en los labios y me sonreíste con lascivia. Acto seguido me invitaste a seguir tus pasos hacia tu gigante bañera… ¿cómo resistirme?

Disfraces sexys de Halloween

La noche de los muertos vivientes se acerca, y es una ocasión excepcional para dar un giro a nuestro vestuario y poder sacar a relucir toda nuestra sensualidad apoyándonos en las fantasías más oscuras de la mente humana.

Por alguna razón los iconos del cine han limitado mucho las posibilidades a la hora de disfrazarse en Halloween resultando sexy y siendo fieles a la temática de la fiesta. De todos modos, la manga se está ensanchando cada vez más y hay más posibilidades disponibles, aunque nosotros queremos ofrecerte ideas fieles a Halloween y ser originales y sexys también esa noche.

El primer consejo versa sobre la salud… que es lo primero. Sal abrigada, es fácil confundir la sensualidad con enseñar piel y la víspera del primero de noviembre suele ser una noche muy fría en la que es muy posible tengas que esperar colas en las discotecas.

El segundo consejo es que te des el lujo de pasarte con el maquillaje si lo deseas, esta noche está permitido. Una cosa que cambiará tu gesto será pintar tus labios solamente por el centro de color negro, dejando los laterales de la boca del mismo color que el resto de la cara. Eso te dará un aspecto muy serio y te ahorrará actuar con tu disfraz.

Siente tu personaje, sé solemne como una dama de la noche, lánguida como el ángel de la muerte, audaz como una bruja o mortal como una vampiresa, juega con tu disfraz y siembre la duda en los demás.

A continuación os mostramos unas ideas para disfrazarse esta noche tan particular.

Bruja blanca. Llamarás la atención, al menos alguna pregunta te harán. La siniestra novia de satán recien bajada de los cielos, la virginal pecadora...

Cazafantasmas. Es el más humorístico de todas nuestras propuestas, aparte de ser un disfraz muy sexy tendrás excusa para disparar a todos los monstruos que te encuentres, y, si tienes suerte, meterás alguno en tu mochila.

 

Lobezna. Por alguna razón que desconocemos en Halloween te puedes disfrazar de heroe de cómic, ¿qué mejor ocasión para enfundarte un vestido ceñido y llamativo de lycra junto a unas garras letales?

Zombie. Es el más sencillo de lograr, porque con ropa hecha jirones y maquillaje es suficiente, puedes ganar en glamour disfrazandote de celebrity zombie.

Víctima. En todas las películas de miedo hace falta una minifaldera que grite mucho. Aparte de poder ir monísima no necesita grandes cosas y te da la oportunidad de pedir ayuda en cualquier momento... o dejarte agarrar...

Diablesa. Vive la noche sembrando el mal! disfraz ideal para rubias empedernidas

Vampiresa. Todo un clásico, si optas por este disfraz añade algún detalle personal para no ser igual que todas las demás.

Parca. La muerte acecha a todo bicho viviente, cree en tu personaje y cuidado con lo que haces con tu mano.

Gladiadora. Inspírate en las Valkirias para vestir de gladiadora y tener todo el poder en el filo de tu pesada espada

Diablesa lolita. Dale un toque especial a este disfraz tan repetido, sólo una vuelta de tuerca para ser una novedad en toda regla.

 

Pasad un feliz Halloween!

♥”Te entrego mi aroma”♥

♥El camino de la fantasía puede adentrarse muy profundo en la mente y aun más en la entrepierna a la hora de imaginar la primera vez en hacer el amor. Son tantos los elementos que suman en favor y en contra para que ese momento sea especial, esperado y diseñado una y mil veces que seguramente llegada la ocasión dará un cambio drástico hacia cualquier lado y sera exactamente diferente a lo que hemos por años imaginado. En el caso de una Lolita de veintidós años esta idea tiene varias idas y vueltas, esperando el momento especial son años de anexar pequeños detalles para que ese día sea algo para no olvidar por el resto de la vida. ¿Cuánto puede ser el margen de falla permitido para que no se sienta que lo ideal fracaso?, pues no lo sé, porque hasta hoy continúo creando y borrando de mi mente el instante sublime.
Una noche perfecta puede constar de varios elementos, pero me he dado cuenta de que depende de mi estado de ánimo. Suele primar el romance, la dulzura y la suavidad como pinceladas del momento pero otras veces el morbo y la lujuria me sorprende del lado casi animal, del instinto más básico del ser humano haciendo encender mi sangre cierto grado de violencia,de asalto desmedido por la fuerza donde el hombre me demuestre que domina mi cuerpo haciéndome trepar al deseo de manera casi agónica.Situado en mi entrepierna deleitándose en el banquete inagotable de mi sexo intuyo que trepar a las nubes y bajar al infierno de un tirón podrían ser sensaciones vividas en segundos.
Como un lienzo en blanco, dejando que las pinceladas de su sexo me delineen imagino a un maestro experto que me lleve por un sendero de lascividad sin fronteras, sin tabú donde todo sea permitido y la única señal de alto sea estar agotados, satisfechos y esperando recuperar el aliento para un próximo asalto.
Quiero unas manos que me lleven al cielo, esas que mil veces en la exploración de mi cuerpo sentí en recorrido infinito sobre mi piel,en el escalofrío de mi espalda y en el fuego del interior de mis muslos.Pretendo una mirada que sea mi timón, que me incite a seguirle en las locuras inventadas, que me de la voz de mando para que active de manera insensata mi líbido y lo suelte como ave al vuelo sin sentir que tengo censuras.
Una respiración que poco a poco vaya creciendo en ritmo y se amolde a la mía trazando un pentagrama para la música mas celestial, la de nuestros corazones latiendo al unísono, buscando el premio del orgasmo hasta sentir desfallecer.
Asumo que una espada altiva, guerrera y erecta hará justicia dentro de mi cuerpo, dentro de mi boca y me entregará todo el poder de su conquista, sin miramientos, sin vacilar un instante en que ese terreno conquistado merece la mejor suerte.
Si me desnuda a mí primero, si lo hace él o me hace reposar sobre la cama preferentemente a dejarme parada ya me es indistinto, lo que sí quiero es sentir la sensación de escalar paredes con el roce de su lengua ,de sentir cascadas cuando sienta que se corre sobre o dentro de mí. Podré ser sumisa o dominante, esclava o ama pero mi devoción sera a ese sexo que unido al mio me hará mujer oficialmente y me preparara para mas noches de fantasías donde mi diploma necesitara una vida entera de exámenes para galardonarme en el arte del placer……….♥

 

Atada a ti.

 

Aute, No te desnudes todavía

Inauguramos nueva categoría prestando atención a la música. Ya trabajaremos el tema de músicas sensuales para ambientar el momento de intimar con nuestra pareja, hoy vamos a escuchar a uno de los más grandes autores de canciones eróticas con letras sugerentes y con el acompañamiento de las imágenes elegidas por uno de los mayores maestros del Movie Maker que pululan por  Youtube.

Aute resume muy bien el ideario de este blog, pues él apenas sólo pide una pausa para disfrutar el instante antes de hacer el amor, rodearse de sus circunstancias, mirar a los ojos a su pareja y darse el gusto de verse a sí mismo al borde del deseo. Del mismo modo que nosotros huimos del sexo por el sexo porque pensamos que la penetración no es necesariamente el centro de una relación sexual sino una parte más. Igual que ocurre con casi todo, tenemos cinco sentidos para percibir el sexo y un cerebro para darle una vuelta de tuerca más y para extraer la esencia de cada segundo del encuentro sea en la dimensión que sea. Este mes, vamos a intentar abalanzarnos sobre nuestra pareja tomándonos un tiempo para disfrutar de cada detalle de la habitación o situación, cada gesto de su rostro, la cadencia de su respiración y la temperatura de su piel, el sabor de sus labios y de su sexo, el sonido de nuestras manos por su cuerpo, el olor de la adrenalina desatada y globalicemos en nuestra mente qué camino nos ha llevado a ese lugar y la razón de que estemos expuestos ante esa persona en este momento. Goza plenamente de tu sexualidad porque cada momento es único, irrepetible y además es una de las cosas más bellas que atesorarás en tu vida.

No te desnudes todavía,
espera un poco más
no tengas prisa, el tiempo
es algo que quedó detrás.
la eternidad es un latido,
un solo corazón,
el tuyo, el mío, abrazados,
en perfecta comunión.
Cuando el deseo estalle
como rompe una flor
te quitaré el vestido,
te cubriré de amor
y en la espera, te pediría
no te desnudes todavía,
no te desnudes, todavía no.
No quiero aún que me descubras
toda la verdad,
que la verdad no es lo evidente
sino su mitad.
quiero mirarte con los ojos
del amanecer,
como la noche mira el día
que tarda en nacer.
Cuando el deseo estalle

Comunión con la naturaleza I

Aquella mañana de domingo te habías levantado temprano para ayudar a la hija de tu vecina con las matemáticas, te habías levantado de muy buen humor, habías desayunado escuchando la radio y te habías dado una gran ducha y habías cogido tus viejos apuntes de matemáticas y te disponías a partir hacia la casa de tu vecina. Tu madre, cerca del teléfono te frena antes de que salga y te dice –Lorena, ha llamado la vecina, por lo visto quieren aplazar la clase hasta el jueves porque hoy van a salir a hacer una visita- De modo que ahí te quedaste tú, arreglada y despejada a las 8 de la mañana de un domingo sin planes. ¿Qué hacer?

Para cualquiera puede parecer aburrido estar en pie un domingo tan temprano sin nada que hacer, todas tus amistades estarán durmiendo y no querrán salir a desayunar, se te avecinaba una mañana para dedicarte a ti misma. Decidiste tomar tu vieja bicicleta, limpiarla un poco y salir hacia el campo, a gozar de una primavera que empezaba a revivir la naturaleza. Fuiste hasta una zona frecuentada por familias, donde había aparcamientos, niños jugando… tu decidiste tomar el camino que seguía subiendo, querías disfrutar sola de tu comunión con la naturaleza ahora que el sol empezaba a calentar un poco. Subiste varios kilómetros por una ladera hasta encontrar un rincón apacible. Se trataba de un claro en el bosque con un lago más grande de lo que figura en los mapas, ¡qué lugar tan apacible! Pensando en la apacible mañana que te espera te tumbaste a leer un rato.

A media mañana, cuando el sol calentaba más que de costumbre, te decidiste a tomar un baño. Embriagada de los aromas que te regalaba el bosque dejaste tu ropa a un lado sabiéndote sola en aquel paraíso y te lanzaste al agua a refrescarte. Nadaste como una bella sirena durante varios minutos, luego fueron dos las horas que estuviste navegando sin rumbo por aquella zona del río. Saliste del agua en la otra orilla y te tendiste en la suave hierba para secarte al sol, estabas cansada. Mientras el Astro Rey se recreaba secando cada curva de tu cuerpo tu conciencia cedió a la placidez del momento dejándote inmersa en un profundo sueño.

Agua, ¿agua? Sí, confirmaste que era agua aquello que te salpicaba por todo el cuerpo. Abriste los ojos y viste que aquel cielo azul se había convertido en una sombra en sí mismo, era de color gris oscuro y de él caían gotas gigantes de agua. Aquel cielo amenazaba con una fuerte tormenta de primavera. La luz que antes invadía todos los rincones de la vida de aquel paraje había desaparecido, todo era oscuro. ¡No! Una fuerte luz blanca iluminó todo un instante. Relámpagos. Ahí estabas tú, desnuda, mojada y bajo una tormenta de las que hacen historia. Cruzaste rápidamente el lago de nuevo para recoger tus cosas, pero te faltaban algunas cosas, entre ellas la bicicleta y la ropa interior… sin duda había sido un adolescente que se había dado un homenaje con tu imagen y se había llevado un recuerdo con tu olor más íntimo. Había kilómetros hasta el lugar poblado más próximo por carretera, y a través del campo no sabías a donde llegarías. Te vestiste, pero el agua y el frío hacían que tus pezones quisieran romper la fina tela de tu camiseta blanca de tirantes. No podías ir con esa pinta a ninguna parte, así que te adentraste en la espesura del bosque buscando un refugio hasta que se calmase la tormenta ¿qué hora sería? A lo mejor se te hacía de noche esperando que escampase. Seguiste a tu instinto y buscaste donde refugiarte.

Tras media hora de camino viste una pequeña cabaña, “una cabaña de leñadores” pensaste. Pero no, era mi cabaña. Empujaste la puerta, que se abrió y te introdujiste en una estancia no demasiado grande, limpia, confortable caldeada y ¿vacía? Pensaste que cuando el dueño de aquel fuego llegase le explicarías lo sucedido. Tapaste tu inesperada desnudez con una manta y esperaste sentada sobre un sofá. El frío, las emociones y los nervios te dejaron transpuesta. Volviste en ti sobre otro lugar, la habitación era la misma, pero ahora era mucho más tarde, la noche había llegado a aquel cielo que había sido luminoso hacía ya una eternidad. Una voz masculina se dirige a ti –Hola, ¿estás bien?- pregunta. Te levantas sobre ti misma pero solo logras ver con claridad una silueta que se entrecorta por el fuego – Sí, pero ¿dónde estoy?- preguntas confundida. Caes en la cuenta de que tu ropa está muy mojada, es incómoda. – Si no lo sabes tú, yo he venido de traer leña y te he encontrado aquí. Eres tú quien me debe explicaciones.- Efectivamente recordaste cómo habías llegado hasta ahí y me lo contaste. Cada vez el calor del fuego te hacía sentir mejor a mi lado y te creías más cercana a mí, pero ¿por qué? Apenas me conocías desde hacía 30 minutos, ni siquiera sabías mi nombre y apenas adivinabas mi cara, pero lo cierto era que te hallabas muy cómoda a mi lado de no ser por tu maltrecha ropa.

Me levanté a traerte ropa seca, te iba a quedar cinco tallas grande pero merecía la pena. La dejé en una silla y me fui a traerte algo de comer. Viendo que estaba preparando algo elaborado, pensaste en cambiarte allí mismo. Te quitaste la blusa sin problemas, pero tu ajustado pantalón no te soltaría tan fácilmente. Optaste por sentarte, tumbarte, no había manera, tus manos, cada vez más temblorosas no llegaban a su objetivo de despojarte de tu pantalón. Ya te habías olvidado de que tus pechos estaban descubiertos y sólo pensabas en tu pantalón rebelde. Yo aparecí en aquel pequeño salón, te agarré las muñecas para que te calmases e intenté quitarte yo esos fastidiosos shorts. Para mi también fue una tarea difícil, me arrodillé frente a ti y, con más maña que fuerza, logré arrancártelos. Justo en ese momento te acordaste de aquel puñetero adolescente robabragas. Ahí me tenías, con mi boca a escasos centímetros de tu pubis. Por alguna extraña razón no dejabas de pensar en sexo en lugar de en supervivencia. Tu pulso se aceleró, una burbuja de 180 grados estalló en tu bajo vientre mientras sentías cómo la humedad no sólo acontecía fuera de aquella  cabaña sobre la que seguía lloviendo sin piedad. Yo, como un caballero me levanté del suelo y te acerqué tu ropa seca mientras traía la comida a la mesa. Te quedaste muy extrañada, nunca antes habías tenido esa sensación, nunca antes tus instintos sexuales habían ganado la partida a todos los demás. Sin saber bien cómo tenías la necesidad de ser poseída hasta el infinito por tu rescatador. Cualquiera que viese a una lolita de 19 años semidesnuda en la recóndita cabaña de un desconocido habría pensado lo contrario, pero esta vez eras tú la que no pensaba irse de allí sin probar a aquel varón.

Al fin llegué con la comida, la serví y me senté esperando a que me acompañaras. En cambio, tu te sentaste, pero sobre la mesa, habiendo retirado previamente mi plato y habiendo ocupado su lugar. Mientras mi mirada recorría tu generosa anatomía aquella explosión volvía a tener lugar en tu interior. Pero esta vez el caballero había muerto, y era un hombre lo que clavaba sus ojos en los tuyos. Aun me viste algo confuso, “no sé si debería, esta chica está asustada y confusa” pensé, pero tú ya me habías vuelto a enseñar esos pechos que te había dado la naturaleza y que eran la delicia y la envidia de todo tu barrio. Me levanté empujando mi silla y me acerqué a ti, que, rodeándome con tus piernas, me besaste en los labios con una suavidad que contrastaba con el furioso viento que golpeaba la madera de mi cabaña. Con tus labios rozaste los míos levemente, como dudando, después, te abrazaste a mi cuello y me diste un beso más largo y más cálido que el anterior. Te miré a los ojos, te acaricié la mejilla y  besando tu cara llegué hasta un cuello suave y cálido que me esperaba ansioso de amor. Mis manos acariciaban tu espalda con delicadeza y las tuyas guiaban mi cabeza a través de mi nuca por todos los rincones de un cuello que cada vez respiraba más deprisa. Tus manos llevaron mi cabeza hacia tus hombros mientras tu cadera se acercaba más a mi cuerpo, ahí fue cuando notaste que aquel ser misterioso tenía un arma entre sus piernas y que estaba dispuesto a utilizarla. Mientras pensabas en qué escondían mis finos pantalones mi boca ya había tomado contacto con tu pecho. Aquel pecho que tantos malos momentos te había dado en el instituto ahora lo mostrabas con un enorme orgullo viendo como me hacía gozar, y aquello sólo era el principio.